Nadal: “Me entrené toda la vida para no rendirme”


Rafa Nadal fue entrevistado por As en la Rafa Nadal Academy para hacer balance de su gran temporada. A 2020 le pide “salud”.

Rafa Nadal

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Desde fuera, su 2019 se aprecia fantástico. ¿Usted qué balance extrae?

La temporada fue emocionante en todos los sentidos y con diferentes fases. Viví muchas cosas, algunas increíblemente positivas y otras realmente duras. Por suerte, hubo un momento dado en el que cogí una dinámica buena y ya no la dejé. Pero no puedo olvidar lo que pasó en el primer mes. Venía de un 2018 tenísticamente muy bueno, pero muy complicado a nivel físico. Sólo terminé siete torneos con muy buenos resultados. Acabé como número dos del mundo y todo quedó en menos. A principios de 2019 me tuve que borrar de Brisbane, por una roturita en el cuádriceps. Son pequeñas cosas que se olvidan al final, pero en ese momento te van quemando interiormente. Llegué a Melbourne con dudas, aunque jugué bastante bien excepto en la final. Me sentía a gusto, pero en Acapulco noté un dolor en la muñeca y sólo pude entrenarme un día antes de empezar. Otro golpe. Perdí con Kyrgios, competí y no gané. El tratamiento me fue bien, aunque en Indian Wells no logré jugar las semifinales por un pinchazo en la rodilla. Ese fue el momento más difícil del curso, porque venía de muy malos años de lesiones.


Y entonces vino esa catarsis suya en Barcelona…

La preparación para la campaña de tierra fue corta y complicada. Estaba cansado y desmoralizado. Pasé unas semanas malas en casa, tanto física como mentalmente. De hecho, antes de viajar a Montecarlo dejé de entrenarme a ver si mis ideas se refrescaban. Allí no lo hice tan mal, salvo en semifinales, que fue un desastre. No lo había contado antes, pero allí competí todo el torneo con un dedo dormido por la infección de una uña. Me fui hecho polvo, con dudas sobre si seguir jugando o parar, porque estaba cada semana con problemas. Y llegó Barcelona. Gracias a la ayuda de la familia y del equipo, y de su opinión, seguí adelante, aunque en el Godó les pedí que me dejaran una noche solo en mi habitación tras ganar con sufrimiento a Mayer, y fue cuando decidí darme una oportunidad. Salí a la pista contra David (Ferrer) y pensé que tenía que cambiar el chip, valorar cada pequeña mejora y aceptar las situaciones, al menos hasta Roland Garros. Empecé a ir cada día a mejor. En Barcelona acabé bien, aunque me batió Thiem, y en Madrid competí contra Tsitsipas. Sentí que de cabeza estaba mejor y me marché para Roma con la sensación de que había estado muy mal, pero, aun así, cerca de mi objetivo. Con todo lo ocurrido, había jugado tres semifinales seguidas. En Italia el cambio fue muy importante, comencé a jugar a un nivel muy alto, gané unos cuantos partidos con comodidad y ante Tsitsipas y Djokovic estuve a un nivel alto. El caso es que salí reforzado de todo aquello. En París me vi preparado. A partir de ahí, uno gana o pierde, así es el deporte, pero desde aquel segundo día de Barcelona hasta Abu Dabi pude disfrutar de la temporada.


¿De todo lo que ha conseguido este año, qué le deja más satisfecho?

La decisión de querer intentarlo, de esforzarme cada día para hacerlo. Aceptar los desastres, el mal juego, que las cosas no salgan y mantenerme positivo. Fue un trabajo mental complicado, sobre todo por los objetivos tan altos en los que me manejo. Eso, a nivel mental. A nivel tenístico, supe adaptarme a las circunstancias y con la ayuda del equipo cambié algunas cosas. Terminé jugando de una manera mucho más agresiva. Con el servicio di un paso adelante importante durante todo el año, pero en la última parte más. Fuimos perseverantes en la idea de jugar con más agresividad e intentar reconducir mi tenis hacía algo distinto, que nos podía ayudar a jugar más largo.

¿El segundo saque fue su mayor mejora?

Creo que el primero también, aunque es verdad que si el segundo lo haces bien, eso te da confianza para ejecutar el otro. El trabajo decisivo fue en el cambio de gesto. En el pasado tuve buenos números con segundos, especialmente cuando jugaba mucho más en tierra, aunque nunca los había hecho tan rápidos como este 2019 y con esa sensación de que el siguiente golpe no tendría que ser defensivo, sino ofensivo. Conseguí cosas importantes con el saque, lo perdí pocas veces en París-Bercy, en Londres y en la Copa Davis.

Rafa Nadal

Ya que lo menciona, en la Davis ganó ocho partidos en seis días, ¿recuerda haber hecho algo así antes?

No sé, quizá un año en Montecarlo, cuando vencí en individuales y también en dobles con Tommy Robredo (Nadal tira una vez más de su prodigiosa memoria. Fue en 2008 y encadenó 10 victorias en siete días).

¿De dónde le viene esa capacidad asombrosa para acordarse de todo lo que hace?

Pues no lo sé. Siempre he tenido muy buena memoria. De hecho, cuando voy a jugar al golf y somos cuatro, me acuerdo de todos los golpes de todo el recorrido de los cuatro. Cuando haces cosas que te importan, con intensidad, y lo vives, se te quedan al prestarles atención. Antes me acordaba más de todo. Era imposible que me olvidara de algún punto, ahora se me escapa alguno. Creo que es importante tener buena memoria en el deporte, porque te sirve para saber reaccionar cuando te ocurre algo que ya has vivido antes. Así sabes solucionar el futuro.


¿Puede ser este el curso en que mejor acaba en todos los aspectos desde 2013?

No sé cómo voy a llegar al principio de 2020, porque aún quedan días y pueden suceder cosas, pero terminé bien, es cierto, y confío en empezar bien. En Abu Dabi, que es casi ya un torneo del año siguiente, jugué a un buen nivel y eso siempre da confianza. Al final sí que llegué casi mejor que nunca, con opciones reales de ganar el Masters, tenía esa sensación. Fue una pena la lesión en París-Bercy (distensión abdominal), porque tras Nueva York y la boda me había preparado con tiempo y descanso suficiente. Llegué a Londres muy justito, al peor torneo para ir corto de preparación. Perdí con Zverev y eso me lastró. Además, las cuentas no me beneficiaron, porque con dos victorias normalmente pasas. Pero bueno, eso me dio la opción de vivir una Davis muy especial.

Hace unos días, contra ­Tsitsipas, no se rindió en un torneo de exhibición. ¿Eso es algo innato en usted o lo ha entrenado?

Lo he entrenado toda mi vida. Me lo tomé como un torneo serio y los demás, también. ­Tsitsipas se dejó todo en la pista y lo demuestra su enfado en un momento de la final. Es la competición no oficial que todos nos tomamos más en serio, por la proximidad de la nueva temporada, porque es un buen test para saber cómo estás. Para mí fue una oportunidad de hacer un entrenamiento real.


Hablando del enfado de Tsitsipas, usted nunca la ha perdido, pero… ¿la paciencia es algo que se gana con los años?

Cada cual es diferente. A mí no me permitieron nunca, ni mi tío Toni ni nadie de mi entorno, romper una raqueta o tener una actitud que no fuera adecuada en la pista. A mí no me dejaron hacer eso desde que era un niño. Cuando me hice mayor, fui yo el que no me lo permití.

Malos modos aparte, ¿cree que 2020 puede ser el año en el que los jóvenes den ya un paso notable al frente? Parece que hay cierto runrún…

Claro que lo hay y es normal que ese runrún cada día sea más fuerte, porque nosotros cada vez somos mayores y ellos, mejores. Son buenos y mejoran año a año. Creo que deberían aspirar a ganar los torneos más importantes, como ya hicieron en 2019 Medvedev, Tsitsipas, Thiem… Pienso que Shapovalov va a dar un salto de calidad y que la progresión de Sinner es increíble. Es una realidad que están aquí.

¿Pero qué es lo que sigue distinguiendo a los tres grandes (Federer, Nadal y Djokovic) del resto?

De momento es así, pero el ciclo de la vida es aplastante y eso en un momento dado va a cambiar, más pronto que tarde. Por algún motivo uno de nosotros tiene 20 Grand Slams, otro 19 y el otro 16. Los tres hemos sido capaces de encontrar el camino para seguir siendo competitivos y tener éxito.

Este 2020 puede ser el año en el que usted se ponga al frente de la historia de los Grand Slams, aunque no le guste demasiado pensar en eso. ¿Cómo lo ve?

Puede ser, pero lo normal es que no. Yo sigo con mi forma de entenderlo. Hago mi camino, porque uno no puede estar siempre frustrado y con una ambición desmesurada. La ambición es buena, pero siempre que sea sana, porque de lo contrario deriva en infelicidad. Cuando uno hace todo lo que puede no está obligado a más. Quiero hacerlo lo mejor posible para que cuando termine el año pueda decir que me he esforzado para que las cosas salgan de la mejor manera posible. Si no es así, es que no he sido lo suficientemente bueno. Estoy superfeliz de estar en esta situación y ojalá pueda continuar dándome opciones de conseguir cosas importantes.

¿Y cuál es su objetivo entonces?

Ser feliz, lo vuelvo a decir. Mientras lo siga siendo, continuaré. Así que el objetivo principal es tener salud, en la parte deportiva y en general. Si estás sano, la vida es más agradable; si no, se hace todo muy complicado. Así seguiré luchando por las mismas cosas que todo este tiempo.

En retrospectiva, ¿cuál es la decisión de la que más se enorgullece en toda su trayectoria?

Haberme quedado en Manacor. Es una de las cosas que me han dejado más satisfecho. Cuando era muy joven, me ofrecieron irme al CAR de Sant Cugat a prepararme, con todos los gastos pagados, pero me quedé y aunque eso supuso un gran esfuerzo económico para mi familia, el hecho de seguir entrenándome con mi tío y crecer con la familia y amigos de toda la vida me ayudó mucho. Cuando ya fui profesional, me surgió la posibilidad de irme a vivir a otro lugar y a nivel fiscal hubiera sido muy beneficioso. Pero decidí continuar aquí y he pagado en impuestos el 50% o más de mis ganancias en una carrera que podría haber sido corta. Hubiera tenido mucho más dinero fuera, pero habría sido mucho más infeliz. Al final me podría haber salido muy caro irme. No sé si en aquel momento me habría ido bien marcharme tanto a nivel mental como de formación y educación. En España la tributación es muy alta para los deportistas y mucho de lo que ganamos es del exterior, pero no me arrepiento para nada de mi decisión, porque además me ayudó profesionalmente.


Se ha casado y dice que la vida no le ha cambiado para nada…

De momento, no (interrumpe al entrevistador con una sonrisa).

¿Pero eso ha activado la idea de tener hijos y formar una familia?

No tiene nada que ver con la boda, sino con la edad, que va pasando. Siendo honesto, en esta fase vital no pensaba estar jugando al tenis. Me habían dicho que por mi estilo no tendría una carrera muy larga. Me lo terminé creyendo, así que pensé que ya estaría retirado a estas alturas de mi vida y formando una familia. El hecho es que siempre pensé que para tener hijos es mejor moverte en una vida más estable que la que he tenido yo durante estos años. Pero las cosas se están alargando y todo puede pasar.

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