Importancia de fomentar la independencia de los jugadores de tenis.


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Todos los entrenadores y padres deben comprender que el inculcar una actitud profesional a los jugadores jóvenes es un largo proceso que requiere muchos años. Teniéndolo presente, debemos empezar a fomentar una actitud adecuada en este terreno a una edad muy temprana, por no decir desde el mismo momento en que inician el aprendizaje del tenis.
Naturalmente, las responsabilidades y tareas que les asignamos tienen que estar conmensuradas a su edad. A continuación vamos a examinar algunos aspectos que, a mi juicio, cabe perfectamente esperar de los jugadores a las distintas edades. Al ir aumentando sus responsabilidades y, en consecuencia, la confianza en sí mismos y su independencia, estamos cultivando el “germen” de lo que más adelante será una actitud
auténticamente profesional.


Jugadores de menos de 12 años

A esa edad deben:
• encargase de preparar sus cosas solos,
• meter todo lo necesario en la bolsa (raqueta, pelotas, camiseta de repuesto, botella de agua, etc.) antes del entrenamiento,
• ser siempre puntuales para la sesión de práctica,
• aprender las reglas fundamentales del tenis (la manera de contabilizar los puntos, la duración de las pausas entre puntos y durante los cambios de lado, etc.).


Jugadores de menos de 14 años

A esa edad deben:
• realizar un calentamiento correcto antes del entrenamiento
o del partido, sin que se lo pida o tenga que controlarles el entrenador,
• adquirir buenos hábitos en cuanto al régimen de consumo de líquidos (que también deben mantener en las sesiones de práctica),
• enviar sus propios formularios de inscripción a los torneos,
• encontrarse sus propios compañeros de dobles,
• encargarse de llevar sus propias raquetas a encordar, indicar la tensión adecuada, etc.


Jugadores de menos de 16 años

En los entrenamientos:
Con o sin el entrenador presente, los jugadores de esta edad deben:
• garantizar constantemente la calidad y la intensidad de los entrenamientos (concentrándose y esforzándose al cien por cien),
• mantener el control emocional (tanto en los entrenamientos como durante los partidos de campeonato).

Durante los torneos
Los jugadores deben:

• encargarse solos de reservar canchas y conseguir pelotas para practicar.
• encargarse de pedir que los despierten por la mañana.
• observar por sí mismo a sus próximos contrarios.
• aprender buenos hábitos dietéticos (escoger los alimentos adecuados: muchas verduras y frutas, pasta, pescado, carne blanca. En caso necesario ir a comprar buenos alimentos, en lugar de consumir “basuras”.
• determinar cual es la forma más adecuada, en función a sus propias características personales, de prepararse para los partidos.
• colocar personalmente en la bolsa todo lo necesario para el partido (incluyendo esparadrapo para las ampollas, cordones de reserva para las zapatillas, pastillas de chocolate o bananas, una muda de reserva
de “shorts”, camiseta y calcetines, rollo de cinta acolchada para mangos, toalla, etc.
• encordar sus propias raquetas (en casa).
• cerciorarse de conocer perfectamente las características de los diversos tipos de torneos (juniors, etc.), el sistema de clasificación, el reglamento del torneo (cuando hay que inscribirse en la lista de “lucky los­ers”, o para el cuadro de dobles), y cerciorarse de conocer al dedillo las reglas del tenis.
• informarse de cuando tienen que disputar su próximo partido.
• evaluar su rendimiento en el partido.}

Frecuentemente, las tareas arriba mencionadas Las realizan los padres o el entrenador, quienes piensan que ayudan al jugador. Aunque resulta conveniente que los padres o el entrenador ayuden a los jugadores
de esas edades a realizar todas estas responsabilidades (con consejos, orientaciones, etc.), conviene recal­car que su objetivo ha de ser, siempre que sea posible, que el jugador dependa menos de ellos y pueda valerse por sí mismo. Recordemos que, aunque quieran, el entrenador o padre, etc. no siempre podrá permanecer aliado del jugador.
Al aumentar gradualmente la gama de responsabilidades que deben asumir por sí mismos los jóvenes jugadores, fomentaremos y fortaleceremos su independencia y su confianza en sí mismos, y podremos inculcarles de manera natural una actitud profesional. El objetivo final de los padres y de los entrenadores debe ser lograr que los jugadores dependan menos de ellos 

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